• Descubre los espacios vallesanos que narran sostenibilidad a través de la gastronomía.
Estado de México, febrero de 2026 – La sostenibilidad ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en relatos vivos que transforman comunidades. En este contexto, Valle de Bravo se consolida como un destino que integra prácticas responsables en su oferta turística y narrativa. Este Pueblo Mágico invita a recorrer paisajes naturales, participar en actividades al aire libre y vivir experiencias gastronómicas que cuentan historias de respeto hacia la tierra y hacia quienes la cultivan.
La cocina regenerativa es uno de los pilares de estas narrativas. En Valle de Bravo, los sabores auténticos se convierten en relatos que impulsan el comercio justo y la preservación del ecosistema. Los ingredientes provienen de huertos ecológicos, cultivos tradicionales y proyectos que priorizan la biodiversidad. Cada platillo es una historia que conecta al visitante con el origen de los alimentos y con la cultura local.
Hablar de gastronomía sostenible en Valle de Bravo es reconocer una riqueza cultural y narrativa que se refleja en restaurantes, ranchos y centros de investigación. Estos espacios no solo ofrecen comida, también cuentan historias que generan conciencia ambiental y social. Hoy te invitamos a conocer tres lugares emblemáticos que representan esta filosofía y que convierten la cocina en relato vivo.
El primero es Pahua, considerado el primer restaurante zero waste en México. Su menú, basado en plantas y agricultura regenerativa, busca reducir la huella de carbono y ofrecer alternativas responsables. Los platillos de Pahua generan entre 90 y 98% menos emisiones que los convencionales en México. Además, trabaja con familias productoras, cooperativas y proyectos liderados por mujeres, lo que lo convierte en un espacio inclusivo y narrativo. Para los visitantes, comer en Pahua es escuchar la historia de cómo la gastronomía puede ser motor de cambio ambiental y social.
El segundo espacio es Rancho La Pausa, productor de vegetales orgánicos con más de 150 productos certificados bajo normas internacionales como NOP, LOOAA y USDA Organic. Este rancho cree que el cambio comienza en la forma en que se producen los alimentos, respetando siempre a la naturaleza. Aquí se cultivan hongos, se cuidan abejas y truchas, y se conservan aves y mariposas monarca. Además, su compromiso social se refleja en la donación de excedentes a personas y organizaciones que más lo necesitan. Para los visitantes, recorrer Rancho La Pausa es escuchar la historia de cómo la producción responsable puede convivir con la conservación ambiental.
El tercer lugar es La Aldea Avándaro, un centro de investigación y capacitación en cocina sustentable. Fundado por Sonia Ortiz y Celia Marín, este espacio busca concientizar sobre el origen de lo que comemos de manera lúdica y participativa. En La Aldea puedes organizar talleres de cocina con familia, amigos o colegas, cosechar productos directamente del campo y preparar platillos guiados por sus anfitrionas. La sobremesa se convierte en un momento de reflexión y conversación, donde la energía del lugar inspira nuevas historias sobre nuestra relación con los alimentos y con la comunidad.
Valle de Bravo continúa innovando con propuestas gastronómicas conscientes, proyectos productivos responsables y espacios de aprendizaje que fortalecen la narrativa de la sostenibilidad. Este Pueblo Mágico se consolida como un destino donde la cocina regenerativa es relato, tradición y futuro, invitando a los visitantes a disfrutar mientras escuchan y viven historias que cuidan el planeta.











