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Basada en una historia real

Estreno 29 de noviembre de 2013

Capitán Phillips es un examen desde diversas perspectivas del secuestro del barco carguero estadounidense Maersk Alabama por una banda de piratas somalíes ocurrido en 2009. Ésta es, a través del distintivo lente del director Paul Greengrass, a la par una película de suspenso llena de emoción y un complejo retrato de la miríada de efectos de la globalización. La cinta se enfoca en la relación entre el comandante del Alabama, Capitán Richard Phillips (Tom Hanks, dos veces ganador de un Premio de la Academia®) y el líder de los piratas, Muse (Barkhad Abdi), que lo toma como rehén. Phillips y Muse entran en un imparable curso de colisión cuando Muse y su flotilla asaltan la nave desarmada de Phillips; en el callejón sin salida que se genera, a 145 millas de la costa somalí, ambos hombres se encuentran a sí mismos a merced de fuerzas más allá de su control.

Columbia Pictures presenta Capitán Phillips, una producción de Scott Rudin / Michael De Luca / Trigger Street. La cinta es protagonizada por Tom Hanks, Barkhad Abdi, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed, Mahat M. Ali, Michael Chernus, Corey Johnson, Max Martini, Chris Mulkey, Yul Vázquez y David Warshofsky. Dirigida por Paul Greengrass, la película es producida por Scott Rudin, Dana Brunetti y Michael De Luca. El guión es de Billy Ray, basado en el libro A Captain’s Duty: Somali Pirates, Navy SEALs, and Dangerous Days at Sea escrito por Richard Phillips con  Stephan Talty. Los productores ejecutivos son Gregory Goodman, Eli Bush y Kevin Spacey. Colaboran con Greengrass el director de fotografía Barry Ackroyd, BSC; el editor Christopher Rouse, A.C.E.; el diseñador de producción Paul Kirby; el diseñador de vestuario Mark Bridges y el compositor Henry Jackman.

ACERCA DE LA PELÍCULA

En Capitán Phillips, el director Paul Greengrass narra la emotiva historia de los piratas somalíes que tomaron como rehén a un marino estadounidense y a la vez expusieron la honda división económica subyacente que pone en movimiento este suceso. La historia comienza en Vermont, donde el Capitán Phillips se despide de su familia para comandar un barco carguero (en parte lleno de ayuda alimenticia) que dará vuelta a la mitad del mundo; al mismo tiempo en Somalia, Muse, antiguo pescador costero, planea atacar una de las naves de alto valor que pasan frente a su litoral cada día. En el núcleo del conflicto entre Phillips y los desesperados somalíes que lo capturan, Greengrass revela el profundo abismo entre aquéllos que participan en los lucrativos altibajos del comercio internacional y aquéllos que quedan fuera de éste.

“En la última década hemos tenido excelentes películas que analizan los temas de la seguridad nacional y el terrorismo, pero deseaba que esta cinta abarcara un problema más amplio en nuestro mundo, el abismo entre ricos y pobres”, dice Greengrass. “El conflicto entre Phillips, que forma parte del flujo económico global, y los piratas que están excluidos de éste, me pareció un tema fresco, novedoso y futurista. El punto más álgido entre Phillips y Muse es un inquietante asedio en altamar, pero expresa las fuerzas superiores que modelan el mundo de hoy”. Greengrass continúa, “Siempre sentí que una historia se debe narrar de forma atractiva y emocionante, pero que también provoque reflexión”.

Como antiguo creador de documentales, Greengrass siempre se sintió atraído por las historias que profundizan debajo de la superficie en los eventos contemporáneos, desde Bloody Sunday, sobre una masacre perpetrada por el ejército británico en Irlanda del Norte, United 93, acerca del secuestro de un avión ocurrido en 9/11 que fue frustrado por los pasajeros, hasta Green Zone, que trata de la Guerra de Irak. Greengrass emergió como un director que cambia el juego y es responsable de éxitos de alto octanaje y refrescante realismo, como The Bourne Ultimatum y The Bourne Supremacy.

Estas dos fortalezas, el instinto investigador de Paul y su maestría para crear suspenso, se fusionaron en Capitán Phillips. El enfoque central de Greengrass fue su decisión de no contar la misma historia del éxito de un rescate de rehenes que aparece siempre en los encabezados de las noticias. “Cuando Paul se unió al proyecto era obvio que estaba comprometido en reflejar los eventos en torno al secuestro del Alabama de una forma mucho más sutil que lo informado por la prensa”, dice Michael De Luca, que produce la película con Scott Rudin y Dana Brunetti; junto a Dana él ayudó a Columbia Pictures para adquirir los derechos de la historia de Phillips. “Paul dejó claro desde el principio que relataría la historia con la mayor autenticidad posible”, añade. Y Greengrass explica: “Buscaba veracidad. Quería transmitir la realidad y la inmediatez del evento tal como ocurrió. Esto significó sumergirnos en investigaciones durante la etapa de pre-producción. Siempre creí que desde el concepto, la filmación y hasta la post-producción de una película, tienes que ganar el derecho de que el público ponga atención y nunca debes dar eso por sentado”.

Greengrass quería que la película reflejara una imagen integral del mundo del que provenían los piratas. “Como es natural el libro de Phillips fue escrito desde su punto de vista; pero Paul buscaba relatar una historia que fuera más allá de eso”, recuerda el guionista Billy Ray. El coproductor Michael Bronner, colaborador de Greengrass durante mucho tiempo, profundizó en la investigación de la piratería somalí y los imperativos económicos que la impulsan. La escasez de peces en las aguas somalíes debido al exceso de pesca industrial fue un factor que generó el crecimiento de la economía pirata en la costa de Somalia, que dependía previamente de un comercio saludable de pesca nacional. Bronner explica, “Somalia, diezmada por la guerra civil desde que colapsó su dictadura militar en 1991, fue golpeada en la misma época por el influjo de la pesca ilegal desde que la Unión Europea estableció reglamentos más exigentes y lanzó a las flotillas hacia nuevas zonas pesqueras. La piratería somalí empezó esencialmente como una reacción ante la excesiva pesca extranjera; los antiguos pescadores podían secuestrar barcos y pedir un rescate como fuente de ingresos. Cuando fue evidente que ésta era una actividad rentable, también atrajo a los señores de la guerra, bajo cuyo poder la piratería evolucionó en una empresa ordenada y transnacional. La piratería somalí es una entidad criminal organizada ciertamente global en su estructura y respaldada por financieros no sólo de África, también de Europa y Norteamérica. Los chicos que envían en botes para atacar a los barcos cargueros, como Muse y su tripulación, son sólo el extremo de una larga y compleja cadena de jugadores que controlan este lucrativo ‘negocio’. Los jefes de los conglomerados piratas viven con riqueza y ostentación en un país en el cual la pobreza es tan extrema que los jóvenes, privados de otros prospectos, arriesgan todo para poder probar esa clase de vida”.

Bronner completó su investigación sobre la piratería somalí con estudios acerca de la industria naviera internacional; realizó amplias entrevistas a los ejecutivos de Maersk y los miembros de la tripulación real que estuvieron a bordo del Alabama durante la crisis para entender bien la vida de los marinos, así como las leyes internacionales y los aspectos económicos que rigen los barcos cargueros. El Maersk Alabama estaba desarmado cuando fue atacado por los piratas (como todos los buques mercantes de la época, conforme a los reglamentos mundiales). Los oficiales del barco revelaron a Bronner que habían analizado, incluso en los días y las semanas anteriores al secuestro del Alabama, formas de mitigar los riesgos que corrían las naves de Maersk al navegar en aguas peligrosas. A la larga el ataque al Alabama precipitó los cambios en la industria, pues Maersk y otras líneas pusieron a bordo de sus barcos guardias armados (muchos de ellos ex Navy SEALs) para los tramos más riesgosos de sus rutas.

LA FILMACIÓN EN EL MAR

Casi 75% de la filmación de Capitán Phillips se realizó durante 60 días en altamar. “Filmar esta cinta en el océano, sobre un barco en funcionamiento, era tremendamente importante para mí”, dice Greengrass. “Comencé la película con la convicción de que debíamos revivir el evento en las condiciones más parecidas posibles a la forma en que ocurrió. Todos dijeron, ‘Estás loco, filmar en el mar es una de las cosas que no haces como director’. Pero esto aportó a la película una autenticidad que no se puede cuantificar”.

La decisión de filmar en altamar y usar el mismo tipo de navíos en los que se desarrolló el drama de la vida real significó cargar la producción con retos logísticos, físicos y psicológicos muy distintos a cualquier cosa que Greengrass y su equipo hubieran encontrado antes. “La búsqueda de la veracidad implica aceptar riesgos para hacer la película como director, como elenco y como equipo”, explica Paul. “Como filmación, ésta fue la experiencia más dura que he tenido. Estar en el océano toda la jornada, filmar cada día en espacios confinados o sobre el mar abierto, con el oleaje, fue agotador, una especie de tortura. Pero lo hicimos y mantuvimos nuestro calendario. En cierta forma el elenco y el equipo llegamos a sentir de verdad como si fuéramos la tripulación de un barco, todos trabajamos juntos”, dice Greengrass. “Al mismo tiempo cada trabajo individual se realizó de manera increíble. La interpretación fue excelente, la iluminación fue excelente, el diseño fue excelente, la edición fue excelente. Y todo se creó para llegar a una culminación que Tom Hanks interpreta con profunda humanidad. Mi recuerdo perdurable de la película siempre será el de Tom en el momento final. Simplemente fue tan humano”.

El primer reto que enfrentó la producción fue conseguir los diversos buques que requería la historia, un barco carguero que funcionara, dos destructores de la Armada Estadounidense y un portaaviones. Encontrar naves lo más parecidas posibles a los barcos que experimentaron el incidente real era una exigencia de Greengrass que planteó una enorme dificultad, pese a la disposición de la Línea Maersk y la Marina de Estados Unidos para colaborar con la producción. “Estos barcos se construyen para trabajar y una nave en funcionamiento transporta mercancía 24/7, o en el caso de la Fuerza Naval, está de guardia, listo para una acción militar y es obvio no los puedes distraer de su misión”, comenta la productora Dana Brunetti. Cuando la Línea Maersk detectó un buque mercante relativamente poco utilizado en el Mediterráneo, la producción se preparó y viajó hasta Malta para aprovechar esta disponibilidad. “Por fortuna este barco, el Maersk Alexander, era exactamente igual al barco secuestrado, el Alabama, y esto fue una gran suerte para nosotros”, dice Brunetti.

Además, la producción fue capaz de organizar que la tripulación del Alexander, de 22 marinos mercantes, continuara operando el barco durante los 2½ meses de filmación. El capitán del Alexander se convirtió en un recurso vital para Greengrass y Hanks, pues los ilustró acerca de los elementos mecánicos y los asuntos humanos en torno a las actividades diarias del buque. “Estar en el barco real y tener acceso a la tripulación genuina fue esencial para el proceso”, afirma Paul. “Podías formularles preguntas, saber lo que hacían, lo que dirían, a dónde irían, cómo funcionaría esta pieza de equipo en X, Y o Z escenario”.

El compromiso de Greengrass con la verosimilitud creó grandes problemas para el elenco y el equipo. El clima a menudo era impredecible, lo cual convirtió el rodaje, que ya sería difícil por estar en el océano, en una misión casi imposible. Sobre la filmación en el Alexander, De Luca recuerda, “Había de pronto enormes oleajes que llegaban por un lado del barco. El mar cambiaba de pronto, de estar calmado hasta estar increíblemente picado y luego al contrario, así que nunca sabías lo que ocurriría; ¿cómo podías planear la filmación de algunas escenas o igualar algunas tomas con un panorama como éste?” Cada mañana el equipo de producción debía estar preparado para decidir de un momento a otro si podíamos filmar unas escenas en el mar, o debíamos permanecer en el puerto y filmar secuencias dentro de la nave.

Las maniobras del barco carguero de 500 pies plantearon limitaciones en la producción, como explica Daniel Franey Malone, coordinador marino de la película: “No es igual a usar un buque recreativo. Esta nave sólo puede ir a ciertos lugares y necesitábamos un piloto de muelle y un remolcador para mover el barco cada día. Y, por supuesto, el buque está hecho para llevar contenedores, así que era extremadamente complicado poner ahí un equipo de filmación”, dice Malone. “Era claustrofóbico. Los pasillos y escaleras eran muy estrechos. Solemos trabajar con mucho más espacio. De verdad tuvimos que reducir todo y debíamos tener cuidado con lo que traíamos a bordo. El constante ir y venir desde la cubierta inferior hasta el puente, créanme, no era nada fácil, pues debíamos subir y bajar todas las escaleras con el equipo”.

Además de la claustrofobia y otros obstáculos para trabajar en el barco, la producción tuvo que resolver el hecho de coordinar y filmar diversas naves en mar abierto. “Un equipo consiste en varios cientos de personas y aparatos, tenemos actores, vestuario, maquillaje, las cámaras y elementos del set”, dice Greengrass. “Poner todo eso en el mar fue un esfuerzo logístico monumental. Teníamos docenas y docenas de botes y también debíamos tener barcos de seguridad. La producción era como una flotilla y yo me sentía como el almirante de una flota”.

Una de las escenas más dramáticas de la película es el asalto al Alabama, la cual se realizó sin usar efectos generados por computadora. “Una de las misiones más difíciles de la filmación completa fue el aspecto de la seguridad técnica al acercar un esquife con cuatro actores junto a un barco carguero en movimiento con una tremenda resaca”, explica Greengrass. “Lograr que estuvieran suficientemente cerca para que pudieran poner la escala y realizar la maniobra de abordaje fue un proceso que requirió mucho tiempo. La seguridad era de importancia primordial. Pero la película te da la sensación de que realmente estás ahí y de que ellos están justo junto al buque y empiezan a subir, porque realmente lo están haciendo”.

Para preparar la filmación de esa secuela, los cuatro hombres que interpretan a los piratas somalíes, Barkhad Abdi, Barkhad Abdirahman, Faysal Ahmed y Mahat M. Ali, comenzaron un riguroso régimen de entrenamiento. “Paul nos dijo que no buscaba simplemente actores, que deseaba que nos convirtiéramos en piratas”, dice Abdi. “Así que con varias semanas de intensa práctica y riguroso entrenamiento, nos transformamos en piratas. Yo no sabía nadar. Debía aprender a trepar. Tener miedo no era una opción. Cuando estaba en la escala, a 100 pies sobre el agua, simplemente pensé: debo llegar hasta arriba”.

Abdi, Abdirahman, Ahmed y Ali también tuvieron que aprender a manejar los esquifes piratas como si hubieran crecido a bordo de ellos. “Invertimos varias semanas y los llevamos a donde pudieran manejar estos esquifes, lo cual fue un gran reto; no son botes fáciles de conducir”, explica Greengrass. “Después pasamos al mar abierto para enseñarles cómo permanecer de pie mientras los botes están en movimiento, y se pueden imaginar cómo se mueven los esquifes con este oleaje. La idea era hacer todo esto de manera segura. Y después debíamos imaginar cómo filmarlo”.

Esta tarea recayó en el director de fotografía, Barry Ackroyd, BSC. “Para las escenas en los esquifes con los somalíes”, explica él, “tuvimos que construir una pequeña plataforma como un andamio donde pudiéramos colocar la cámara, pues cuando una ola golpea estos esquifes, y los golpea con fuerza, debíamos encontrar una forma de no perder la cámara, pues corría el peligro de caer por la borda”.

Sin embargo, la escena más intensamente compleja de la película, por mucho, fue la climática toma en la cual la Armada orquestra el rescate de Phillips. Greengrass califica ésta como “la secuela más completa y difícil” de su carrera: “Había varios barcos de la Marina navegando a toda velocidad, muchos helicópteros y esto implicaba enormes problemas de seguridad. ¿Cómo coreografías, organizas y transmites una acción que implica un pequeño barco carguero, varios destructores y múltiples helicópteros que rodean un pequeño bote salvavidas en la oscuridad, todos a alta velocidad, sobre el mar? Cualquier director te diría que cuando tienes un helicóptero en el aire, tu nivel de estrés aumenta. Y el reloj nos presionaba para filmar estas tomas debido a que sólo podíamos usar el equipo de la Armada por un tiempo limitado”.

La Fuerza Naval Estadounidense estaba tan deseosa de participar en la película como Maersk. Pero igual que con los barcos mercantes, encontrar los buques de la Armada requirió una larga y delicada negociación. Advierte Brunetti: “La Marina deseaba participar desde el principio debido a que esta cinta los refleja como unos excelentes profesionales; creo que sienten que la película es una representación muy exacta de la forma en la que operan. Pero, al igual que Maersk, todos sus barcos en funcionamiento debían desempeñar sus labores. Las naves de la Armada deben estar preparadas para reaccionar ante las situaciones que puedan surgir alrededor del mundo y ésta era una prioridad muy superior a dar apoyo a una película. Absolutamente deseaban que hiciéramos la película con su participación, no querían que trabajáramos por nuestra cuenta y sin su respaldo, pues nuestra descripción de la Fuerza Naval podría ser menos profunda. La cuestión consistía en que pudiéramos trabajar con sus muy entendibles limitaciones de una forma en que nos permitiera obtener lo que necesitábamos”.

Se encontró una solución, de nuevo gracias a la flexibilidad y capacidad de adaptación del equipo de producción. “Un almirante de alto rango se reunió con nosotros en Los Ángeles y me hizo una promesa: si llevábamos la película a Norfolk, Virginia, él me conseguiría, según sus palabras, todo lo que necesitara”, relata el productor ejecutivo Gregory Goodman, que manejó muchas de las dificultades logísticas de la filmación. “No habíamos pensado ir a Norfolk porque no es un centro de producción cinematográfica… Todo lo que necesitábamos para filmar se debía traer desde fuera del área y debido a la distancia no podíamos depender de proveedores locales como apoyo. Pero después de analizar nuestras limitadas opciones fue evidente: nos trasladaríamos a Norfolk. Le llamé y dije, ‘¡Voy a pedirle que mantenga su promesa!’ Y la cumplió bien. Y debo decir que una vez establecidos en Norfolk, una enorme tarea, resultó un lugar grandioso para filmar”.

Para representar al USS Bainbridge, los realizadores cinematográficos obtuvieron acceso al USS Truxtun, un destructor con misiles guiados clase Arleigh Burke de 510 pies de largo, que entró en funcionamiento en 2009. “El Truxtun acababa de ser rehabilitado, así que debía emprender una travesía de prueba de dos meses y una parte de eso consistía en realizar maniobras menores”, dice Brunetti. “Fuimos asignados a esta misión”. A lo largo de la filmación el destructor permaneció en activo, como un barco cargado y preparado para responder a cualquier llamada de emergencia. Los dos barcos adicionales que ayudaron al Bainbridge durante la misión de rescate en la vida real, el USS Boxer, barco de asalto anfibio que forma parte de la fuerza antipiratería de la Marina, así como el USS Halyburton, fueron representados respectivamente por el USS Wasp, buque de asalto anfibio multipropósito y el Halyburton real, pues ambos estaban apostados en la Estación Naval de Norfolk.

Mover estos buques de la Fuerza Naval era complejo, peligroso y difícil; además los destructores de la Armada son incluso lugares menos hospitalarios para un equipo de filmación que un barco carguero. Brunetti explica: “Las naves de la Marina deben operar a siete millas fuera del puerto, pues es muy difícil que estos buques entren y salgan del muelle, eso requiere horas. Así que en lugar de hacer eso, nuestro equipo se apilaba en pequeños botes, de 15 a 20 personas en cada uno de los siete u ocho botes, y se embarcaban desde un muelle en Norfolk para llegar a los barcos de la Armada que los esperaban afuera en el mar. Después cada uno de nosotros debía abordar el barco, un arduo proceso de subir uno por uno por un lado y trepar una escala, con los oleajes del mar y todos nuestros aparatos que usaríamos durante el día. Teníamos que hacer este trayecto de ida y vuelta diariamente; cada noche regresábamos a nuestros pequeños botes para dirigirnos a Norfolk en medio de la oscuridad”.

Paul dice que la Marina “participó vehementemente en la película. El capitán del Halyburton y su segundo en el mando pusieron el barco y sus recursos a nuestra disposición. Podían ver lo que tratábamos de hacer así que siempre teníamos a alguien de la tripulación que nos decía, ‘Necesitan saber esto’ o ‘En X situación debes hacer Y’’, todas estas cientos de decisiones que hacen que una película se sienta que funciona bien y se mantiene apegada a la realidad. Estos ambientes son reales: el Centro de Información de Combate (CIC), las secciones interiores, todo pertenece al destructor real”.

Tener a la Fuerza Naval a bordo fue apenas el primer paso para filmar la secuencia del rescate. “En esa escena había muchas partes en movimiento: dos destructores, un portaaviones y un helicóptero que arrojaba una luz sobre el bote salvavidas”, añade la productora Dana Brunetti. “Debíamos tener a los barcos en posición, mantener nuestras cámaras en perspectiva, el helicóptero debía iluminar el bote salvavidas en el momento adecuado y los actores en el bote debían lidiar con el hecho de que los barcos estaban creando una estela intencional para bambolear el bote. Estuvimos ahí durante muchas horas para hacer lo que la Marina hizo a los secuestradores reales”.

Goodman amplía más la explicación sobre las dificultades logísticas que implicó esta escena climática: “El bote salvavidas se mueve lentamente, como a dos o tres nudos. Esto en realidad está por debajo de la velocidad de funcionamiento seguro para las naves de la Armada. Es probable que se detengan si van a esa velocidad tan lenta. Así que tuvimos que jugar al gato y al ratón en términos de coordinar los tiempos de los barcos en relación con el bote salvavidas. Fue muy difícil, un problema matemático”. Lo que los realizadores cinematográficos no sabían en ese momento fue que éste fue un caso del arte imitando a la vida. El USS Bainbridge experimentó el mismo problema durante el rescate del Capitán Phillips en la vida real; el destructor tuvo problemas para no sobrepasar al bote salvavidas.

El clímax de la cinta, ubicado en altamar y en total oscuridad, también representó un tremendo reto para el director de fotografía Ackroyd. Lograr la filmación de estas secuencias requirió una extraordinaria planeación anticipada, coordinación, cálculo y profesionalismo, acompañados de un poco de suerte. “Las filmamos durante el día para representar la noche, en el atardecer para representar la noche y durante la noche para representar la noche”, explica Ackroyd. “Cada escena es una combinación de las tres técnicas, todas entrelazadas en una”. Añade, “Teníamos una cámara en el bote salvavidas, yo estaba en un bote inflable con casco de hule [RHIB] con otra cámara, una tercera cámara estaba sobre el destructor y la cuarta cámara estaba en un segundo helicóptero, colocada para filmar la imagen de éste. El destructor de la Marina se acerca al bote salvavidas, hace una maniobra de frenar y girar frente a éste y debemos filmar esa toma simultáneamente desde mi RHIB, desde el destructor, desde el aire, y desde adentro del bote salvavidas, como si lo miraras desde un muelle cercano. Todo esto se realizó en el atardecer como la noche y el atardecer dura sólo 20 minutos. Así que tuvimos 20 minutos para captar la máxima cantidad de material. Y no te puedes detener, pues el atardecer cambia rápido y de pronto te encuentras filmando de noche. No tenemos ningún elemento generado por computadora en esas tomas, todo ocurre en vivo. La gente me preguntaba ‘¿cómo haremos eso?’ Bueno, pues vamos a filmarlo. Para eso vivo”.

Aunque la producción fue abrumadora y técnicamente difícil, todos trabaron con gusto debido a que el equipo entero compartió un espíritu de compañerismo inspirado por Paul Greengrass y Tom Hanks. El productor De Luca resalta, “Tom es un gran colaborador. Nunca descansa ni pone objeciones, sin importar lo que se le pida. Por ejemplo, estuvo en el bote salvavidas en el mar abierto todo el día, algunos días completos, era agotador y requería una gran resistencia para todos los implicados; pero Tom nunca se quejó, a pesar del inevitable y constante mareo que sufrió él y todos los demás miembros del elenco al estar a bordo de este bote tan difícil de manejar. Creo que esta actitud y este espíritu lo transmitió a todos y permitió que sacáramos adelante la producción”.

“Esto fue realización cinematográfica pura y soy muy afortunado de haber participado en ella. Siempre llevaré esto en mi memoria”, dice Goodman. “Todos estábamos enfocados en el mismo objetivo”. Ackroyd está de acuerdo: “Como director de fotografía, cuando lees un guión y dice: ‘Noche — total oscuridad — en el mar’, debes pensarlo dos veces antes de aceptar el proyecto, a menos que sea Paul Greengrass el que te pide trabajar con él. Cuando firmas para hacer una película de Paul Greengrass, lo haces porque sabes que el trabajo será difícil pero valdrá la pena, la historia será muy poderosa y el esfuerzo será reconocido; con esto quiero decir que el público se llevará de la película algo que no obtiene en cualquier otro proyecto. Y espero que éste sea el caso con Capitán Phillips”.